Debian ya tiene 25,000 programas paquetizados a disposición
Fecha Thursday, 12 August a las 19:06:42
Tema DEBIAN


Durante la primera semana de agosto está teniendo lugar en Nueva York el undécimo encuentro anual de la comunidad de Debian, una de las principales versiones del sistema operativo libre GNU/Linux, y la madre de otra versión más conocida, 'Ubuntu'. Cientos de personas defensoras del software libre venidas de todas las partes del mundo nos damos cita en la Universidad de Columbia, donde tenemos la oportunidad de conocer e intercambiar conocimientos y tendencias sobre este interesante sistema operativo que en sus 17 años de vida cuenta con más de 25.000 programas paquetizados, todos ellos a disposición de cualquier persona y de una forma gratuita.

El perfil de los asistentes es variopinto: tecnólogos, abogados, editores, artistas... ¿Qué es lo que hace confluir a un voluntario del OLPC (Proyecto 'One Laptop Per Child'), un trabajador de Google, un antropólogo y una directora de cine? El software, el conocimiento y la cultura libres. Porque por debajo de la capa puramente tecnológica, se encuentra la firme voluntad de colaborar en un camino común, que no es otro que el de la democratización de la tecnología y la cultura para los pueblos y personas de todo el planeta.

Esta democratización no se va a conseguir mediante opciones privativas, esto es, que niegan a los usuarios la posibilidad de conocerla, de copiarla y sobre todo de adaptarla y mejorarla. Es el software libre el que ofrece un mayor potencial de mejora, porque gracias a la disposición del código fuente de los programas y a la libertad para alterarlos, cualquier persona o empresa con los conocimientos y tiempo suficientes tiene en su mano la posibilidad de mejorarlo, por ejemplo añadiéndoles funcionalidades o traduciéndolos a una lengua local.

Todo ello sin la dependencia a que nos tienen acostumbrados los fabricantes tradicionales, que a veces se convierten en férreos monopolios de los que es muy difícil salir (ejemplo claro es Microsoft). Como derivada, existe una oportunidad de negocio para las empresas locales, de modo que el flujo de capitales salga menos de cada país.

Pero también resultan importantes el control y la transparencia de la tecnología.

Hace unas semanas Apple ha informado al Congreso de EE UU de que sus dispositivos envían a sus oficinas información local, de forma encriptada y sin avisar de ello al usuario. Y no es el único caso de dispositivo y sistema operativo que pone fuera del control de quien lo pagó ciertas operaciones que podrían no ser de su agrado. ¿Y qué pensaríamos de un sistema de votación electrónica cuyo código fuente sólo esté disponible para el fabricante?

Estas cuestiones cobran especial relevancia cuando se habla de la esfera de lo público. Si cada entidad de la Administración invierte en colaborar con otras administraciones en materia de software libre, el gasto conjunto será mucho menor, y se estarán promoviendo condiciones adecuadas para llegar a productos de más calidad que actuando cada cual por su cuenta, todo ello traccionando el tejido local de la economía del software. Para caminar hacia esta cultura, un espacio público de importancia es la educación: se ha de acabar el tiempo en que en las escuelas enseñan que no hay vida más allá del 'Windows' de turno, se debe educar en la colaboración y las tecnologías libres.

En Euskadi existen distintas iniciativas en torno al software libre: cronológicamente, en primer lugar surgió la comunidad hoy formada por grupos diversos, bien procedentes de la universidad o movimientos sociales. En segundo lugar está ESLE, federación de las empresas de TIC que basan su negocio en el software y las tecnologías libres. Y en tercero, de reciente creación, la Oficina de Software libre del Gobierno vasco. Esta última, que tiene como misión impulsar y apoyar el software libre en el gobierno local, no ha de convertirse en arma partidista ni de unos ni de otros, pues quienes creemos en el software y el conocimiento libres no deseamos supeditar estos activos sociales a la bandera de turno o de oposición.

Ello sería como monopolizar hitos en la cooperación al desarrollo o la inmigración, cuestiones que son patrimonio de la humanidad, alcanzadas con el concurso de esfuerzos de todos los agentes.

Fuente: El Correo





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