El software libre como política de inclusión social

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Conferencia internacional en la Biblioteca Nacional. Los organizadores del evento que concentrará a varios popes del universo tecnológico, planean duplicar la convocatoria y profundizar sus propuestas de democratización en materia de acceso a las nuevas herramientas.

El próximo jueves y viernes se celebrará, en la Ciudad de Buenos Aires, la segunda edición de la Conferencia Internacional de Software Libre (Cisl), en la Biblioteca Nacional. Y, lo que antes era un dato para el gueto geek de siempre, después del millar y medio de personas que concurrieron a la edición 2010 de la Conferencia y también del sorpresivo interés estatal, que se tradujo en un firme apoyo, lo que sucederá esta semana será un evento que dará que hablar.

Serán nueve conferencias de alto nivel internacional y habrá 46 talleres con actividades de capacitación, difusión y presentación de productos y servicios basados en Software Libre y de Código Abierto. El año pasado el plato fuerte fue John Maddog Hall, de Linux International, y la asistencia del jefe de Gabinete de Ministros, Aníbal Fernández, le agregó el plus del impulso institucional. A tal punto, que el hombre de Quilmes ya ha confirmado su presencia en la apertura de esta edición.

“El gran objetivo de este año es promover la discusión y la difusión del software libre”, dijo a Miradas al Sur Exequiel Lacovsky, el coordinador del Cisl 2011, y agregó: “Ese gran objetivo tendrá cuatro grandes ejes temáticos: La educación, el Estado, el uso de software libre en las empresas y en las comunidades. Este año le vamos a dar mucha importancia a la discusión del uso del software libre en la educación y en el Estado”, remarca Lacovsky.

En esta oportunidad, la estrella será Richard Stallman, una suerte de inventor mundial del software libre. Stallman lanzó en 1984 su sistema GNU, que todo el mundo puede copiar, distribuir o modificar. Sistema que hoy, con el Linux agregado, utilizan millones de personas en el mundo. Esta suerte de eminencia ya está en el país, puesto que ayer y el viernes participaba de conferencias libres en la Universidad del Comahue y el lunes de la semana que viene le será entregado un doctorado Honoris Causa por su trayectoria, su contribución social y sus enormes aportes a la construcción de una sociedad digital libre en la Universidad Nacional de Córdoba.

Pero además de Stallman, y como para ir teniendo una idea de lo inmenso del campo en el que tiene incidencia el software libre, también en esta oportunidad serán de la partida, por ejemplo, Chris Hofmann (Mozilla Firefox) o Marcelo D’Elía Branco, que tuvo a cargo la estrategia electoral por las redes sociales brasileñas para la campaña de Dilma Rousseff y que antes había dirigido el Campus Party Brasil, el mayor encuentro de las comunidades de internet del mundo. Un lugar en el mundo. Se puede decir que si bien Argentina es hoy uno de los países donde la producción de software más se ha desarrollado, a la vez sigue habiendo muchos malos entendidos. Una confusión habitual entre el público extranjero a la materia es que se suele creer que software libre es sinónimo de gratuito. De eso habla la organización cuando habla de la necesidades de difundir los pormenores de un campo que estalló y promete no parar de crecer. El sector del software argentino está compuesto por 3.800 pymes, con ventas por 2.600 millones de dólares y exportaciones cercanas a los 663 millones.

A mediados de agosto, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner promulgó la ley que había sido aprobada por el Congreso y que otorga beneficios fiscales a las empresas de software. Días antes, la ministra de Industria, Débora Giorgi, había presentado un Plan Estratégico Industrial que, entre otros puntos, planea cuadruplicar las exportaciones de software para 2020. Giorgi cree que el sector podría alcanzar ventas externas por 3.000 millones de dólares, triplicando los números del sector para el año 2020, y duplique su fuerza laboral hasta los 130.000 puestos de trabajo por encima de los 60.000 actuales.

En la actualidad, Argentina exporta software y servicios informáticos a 45 países, la mayoría de los cuales son de la región latinoamericana, pero también se vende software a Estados Unidos, Canadá, Italia y España. En la apertura del año pasado, el ministro Aníbal Fernández había dejado claro que el desarrollo de software libre era una política de Estado. También había informado que el 65 por ciento de los ordenadores de la administración pública posee software libre. Dos modelos. Hay dos modelos de desarrollo, distribución y uso de software: el software libre y el software privativo.

El software libre no refiere a una cuestión de precio o de gratuidad, es un asunto de libertad, la libertad de los usuarios para ejecutar, copiar, distribuir, estudiar, cambiar y mejorar el software a su modo. El usuario de software libre no compra un paquete cerrado, al que no le puede hacer nada. Por el contrario, el software privativo sí tiene paquetes cerrados, con licencias y con fecha de vencimiento. Cada dos o tres años hay que pagar una licencia al software privativo por un producto similar. Pero lo que lo define como libre es su código abierto, no la eximición de la licencia. En los paquetes cerrados, para decirlo claramente, un usuario no es capaz de ver qué es lo que hacen con su ordenador, sus archivos y sus datos personales, los programas. Algo así como ingerir un plato sin saber lo que se está comiendo. “Cuando hablamos de software libre hablamos de libertad de expresión, de conocimientos, de solidaridad, de la cultura, de ese tipo de valores”, remarca Lacovsky.

Hay cuatro mandamientos del software libre o, mejor dicho, cuatro libertades. La libertad de usar el programa para cualquier propósito, la libertad de estudiar el funcionamiento del programa y adaptarlo a las necesidades del usuario, es decir, el acceso al código fuente es una condición necesaria para que pueda suceder esto, la libertad de distribuir copias libremente, y después la libertad de mejorar el programa y hacer públicas las mejoras. De modo que toda la comunidad pueda utilizar ese software. Cuando alguien desarrolla un aplicativo y lo libera, otra persona en cualquier parte del mundo puede utilizar ese sistema, mejorarlo o adaptarlo a sus necesidades, y volver a liberarlo. Lacovsky niega que hoy haya sectores políticos enfrentados a la idea del software libre, sí hay resistencia por parte de las grandes empresas del software privativo. Aunque reconoce que lo que existe muchas veces es que los funcionarios que toman decisiones no conocen del tema.

El reto para el sector es que cada vez haya más sectores estatales y educativos que se sumen a la utilización del soporte libre, como también empresas del sector civil. “Argentina es uno de los países de la región más elogiados en este campo, es uno de los que más gente formada tiene en la región, más ingenieros en sistemas y técnicos. Pero, así y todo, es tan alta la demanda de desarrolladores que el país necesita muchísimos más, incluso gente formada en software libre”, destaca el coordinador de la Cisla 2011.

Lacovsky insiste: “No queremos que sea una discusión de cuatro expertos o gurúes que se sientan en una mesa, sino que queremos que el debate se abra a toda la sociedad. Nosotros vemos al software libre como una política de inclusión social y digital”.

La discusión entre lo público y los privado, las libertades y las vedas, los permisos y las prohibiciones, en fin, los debates que se suceden en el momento actual a nivel político atraviesa las discusiones en torno de software libre. “El software libre tiene que ver con la libertad, con compartir, va de la mano con lo político, es el valor de compartir, de estudiar, de mejorar, compartir la cultura libremente, que todos puedan acceder a la cultura, al conocimiento, al desarrollo, todos valores que no pueden faltar en el ámbito de lo público”, concluye Lacovsky, que rescata el valor de Tecnópolis, en su masividad y en su declaración de principios al formar parte de la agenda pública de la sociedad argentina.

Para más información se puede visitar la página del evento www.cisla.org.ar, donde también se pueden tramitar las acreditaciones, libres, obviamente libres, y gratuitas.

Fuente: Sur El Argentino

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