El Esclavo Perfecto, ¿Inteligencia Artificial Libre?

Tecnologias de Software Libre

El término Inteligencia Artificial fué acuñado en 1956 en una conferencia en Dartmouth, EEUU, por el Prof. John McCarthy1, para definir un proyecto sobre "la conjetura de que todo aspecto del aprendizaje o cualquier otra característica de la inteligencia puede, en principio, ser tan precisamente descrito que se puede construir una máquina para simularlo"(.ibid).

Ese proyecto voló de las manos de McCarthy y de otros profesores para convertirse en un enorme esfuerzo tecnológico global que, en mi humilde opinión, suele caracterizarse de 2 maneras:

1. Es un proyecto de ingeniería dirigido a diseñar (y construir) un dispositivo (artificial) tan inteligente como (alg)un humano.

2. Es el proyecto insignia de las ciencias cognitivas, dirigido a explorar y caracterizar a la inteligencia (de cualquier tipo).

Esta es una caracterización bastante simple (inocente) del proyecto científico-tecnológico que ha ocupado a una comunidad de decenas de miles de investigadores en todo el mundo durante más de 50 años, con una enorme inversión económica. Un proyecto, además, que evidencia fracaso, pues no existe (aparentemente) el ansiado dispositivo tan inteligente como nosotros.

Mi intención en las siguiente líneas es doble, 1) me atreveré a plantear que el objetivo de la Inteligencia Artificial, IA, es otro y 2) que es, y continuará siendo por un buen rato, sumamente exitosa en esa otra dirección, sin renunciar nunca a la posibilidad de producir ese dispositivo inteligente.

El objetivo de la IA es la creación del esclavo perfecto.

Un esclavo (o esclava) sabe obedecer y obedece a su amo. No puede hacer otra cosa o no sería esclavo (o esclava). Pero es un esclavo perfecto cuando obedece sin cometer (muchos) errores y cuando se le puede confiar cualquier tarea razonablemente compleja (respecto, claro, a lo que es razonablemente complejo para los humanos).

Los esclavos naturales, por muy sabiondos y obedientes que puedan ser, siempre terminan demandando atenciones: comida, abrigo y algún tipo de protección. Se podría decir que los asalariados modernos no son sino otra clase de esclavos, ligeramente más costosa que las anteriores, "por culpa de" las reivindicaciones obtenidas a base de inteligencia (y sacrificios) por esclavos precursores.

La esclavitud artificial podría ser vista como una forma de reinstalar la esclavitud de costo mínimo, pues una máquina trabajaría sin descanso (excesivo), sin ambiciones desmedidas, sin enfermarse (a propósito) y sin todas esas inteligentes estrategias desplegadas por los humanos para sacarle el máximo provecho a su empleador.

No obstante, no existe, todavía, ningún dispositivo, artificial o no, capaz de realizar una tarea cualquiera con la eficacia y versatilidad humana. Dicho eso, hay que admitir ya que las máquinas nos ganan en eficiencia en tareas específicas y son cada vez más efectivas resolviendo problemas que normalmente asociamos con inteligencia humana, como comunicación, planificación y control de procesos (este último es, cada vez más, asunto de máquinas).

Además, son ya bastante más efectivas que la mayoría de los humanos en tareas esenciales en el mundo moderno como reconocimiento de patrones2, manipulación de expresiones simbólicas3 y búsqueda de claves en volúmenes enormes de datos4.

Es importante notar que sólo he mencionado "actividades del intelecto". Si se concede que un computador puede controlar un robot dotado con ciertos "actuadores" sobrehumanos, la lista es mucho más larga. Los robots pueden operar en condiciones ambientales que no resistimos los humanos, cada vez con mayor autonomía y confiabilidad (bajo el agua5, la superficie de Marte6, zonas radioactivas7).

Hay, sin embargo, una dimensión en la que los dispositivos inteligentes (que no tienen que ser robots propiamente) son ya sumamente exitosos: la gestión del conocimiento. Estamos hablando, claro está, de aquel conocimiento que ha sido representado dentro o en el dispositivo. Una vez en esa forma, las posibilidades parecen infinitas para beneficio de los amos: Ese conocimiento se puede duplicar casi sin esfuerzo. No importa si es la base de datos con la información de un yacimiento o un algoritmo para predecir los movimientos del mercado o el controlador de una caja registradora o un cajero automático. Para "dotar" a otro esclavo sólo hace falta conseguir un cuerpo "similar", el hardware, y copiarle ese conocimiento, el software, sin incurrir en mayores gastos o esfuerzos, comparados con los de construir el hardware y la primera copia del software. Es definitivamente menos costoso que el entrenamiento requerido por los esclavos que no usan hardware sino "bioware". ¿Acaso no es eso un gran logro? (respecto a la nueva meta del proyecto).

Pero es todavía mejor. Según cierta interpretación "audaz", ese conocimiento dentro del dispositivo adquiere el estatus también de dispositivo. Por decirlo en el viejo lenguaje, el amo es el dueño del cuerpo y del alma de sus esclavos. Así, el amo reclama que debe ser dueño también de cualquier copia del software que se "transplante" en otro esclavo. De esta manera se obtiene la fábrica perfecta de esclavos, con costos mínimos de reproducción.

Esa interpretación favorece a los amos de varias otras maneras. Por ejemplo, la forma en que ese conocimiento es representado en el dispositivo es tan compleja que es muy difícil descifrarla sin el código fuente original (normalmente escrito por un humano experto, en un lenguaje comprensible para otros humanos expertos. Aunque ya hay esfuerzos en IA para que las máquinas se encarguen de eso también). Así que el amo sólo tiene que guardar ese código fuente (que no tiene que estar en el esclavo) y nadie más sabrá como hacerse de un esclavo igual (sin su permiso).

Aún si alguien descubriera como "decompilar"lo (restaurar el código fuente a partir del que está en el dispositivo, usando lo que se conoce como "ingeniería inversa"), el amo, dueño o dueña original tiene todavía a su favor un fantástico aparato legal (ese otro "software" que controla a los grupos humanos) para proteger su propiedad (de la curiosidad de otros humanos).

Cabe preguntar, ¿ese esfuerzo intelectual y tecnológico, que se perfila de esa manera como muy exitoso, podrá ser de libre acceso para todos?.

Todo esfuerzo de automatización supone un aporte de conocimiento, normalmente de humanos que antes hacian ese trabajo "a mano". Eso explica el rechazo que se observa en los empleados no técnicos, frente a la automatización que los desplaza (y les quita su medio de sustento). Un empleado que sepa y entienda que puede convertirse en el amo de ese conocimiento, probablemente no querrá otra cosa que demandar sus "derechos de autor" ("Está bien. Que la máquina haga el trabajo, pero ese conocimiento es mío") con la intención de asegurar su subsistencia por medio de la renta de ese conocimiento. Y si ese conocimiento es "crítico" de alguna manera, ¿tendría la renta que ser mejor?.

Si esa tendencia al "rentismo intelectual" resulta inherente a la condición humana, entonces el sistema que mejor la soporte será privilegiado por esa misma condición humana. En ese caso, nos inclinaremos colectivamente a preservar la privacidad de ese conocimiento que gestiona conocimientos. Nada de permitir la Inteligencia Artificial Libre y genuina.

¿Estará ocurriendo así?

La realidad es como un cuadro de DaVinci: siempre te sorprende. A partir de ese esfuerzo de medio siglo caracterizando la inteligencia, lo mejor que se puede decir es que los humanos nos comportamos (¿algunas veces?, ¿normalmente?) como dispositivos que sirven ciertos propósitos (que pueden ser más o menos complejos). Todos somos agentes8.

¿A cuáles de esos agentes humanos les convendría que ese conocimiento en IA sea libre?.

Quizás como parte de un auténtico ejercicio de cuestionamiento de la condición humana. Algún esfuerzo para explorar si podemos vernos a nosotros mismos y a cada cosa que nos rodea como algo distinto de un dispositivo.

Un ejercicio subversivo contra el proyecto esclavista no podría realizar mejor jugada que la liberación de esos conocimientos. El libre acceso a esa tecnología significaría que cualquiera podría ordenar esos medios para sus fines. Aún si el proyecto degenerara en muchos individuos tratando de proveerse de sus propios esclavos, ellos mismos mejorarían su eficacia profesional y no podrían impedir que otros también los imitaran y mejoraran.

En algún momento habría que preguntarse que ocurrirá cuando esos dispositivos esclavos comiencen a reclamar sus derechos (como ha venido ocurriendo con los esclavos naturales). Quizás debamos esperar que, como sugiere McCarthy9, mientras las máquinas no posean sentimientos humanos, eso no será mayor problema.

Copyright © 2008. Jacinto Dávila. El autor se reserva el derecho llamarse autor de este texto y asume la responsabilidad por sus opiniones. El texto puede ser distribuido sin ninguna otra restricción implícita o explícita.

 
 
 
Publicado originalmente en Rebelion.org 

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